¿ES LA CONTAMINACIÓN EN ESPACIOS CERRADOS MÁS DAÑINA QUE LA QUE SE PRODUCE AL AIRE LIBRE?

Tubos de escape, chimeneas de fábricas y domicilios privados, alérgenos producto de la vegetación, aparatos de aire acondicionado colgados de las fachadas… en general, existe una tendencia a creer que lo peor de la contaminación está al aire libre, especialmente en grandes ciudades. Y lo cierto es que no es así: en realidad es la contaminación interior de los edificios la que se cobra un peaje más alto en el bienestar y la salud de las personas.

¿Por qué? Si se piensa un poco en ello, es fácil de entender. Si bien en el exterior, en la calle, los elementos de contaminación tienen tendencia a dispersarse en mayor o menor grado, en el interior de edificios queda atrapada, se concentra, se acumula y está presente en porcentajes mucho más altos. Más aún: a la contaminación procedente del exterior, que acaba penetrando irremediablemente en los espacios cerrados, se suma la que procede del propio interior de los edificios. Y no es preciso que se trate de edificios que alberguen industrias químicas o similares. En realidad, factores tan aparentemente inocuos como el mobiliario, el aire acondicionado, calefacción, fotocopiadoras y otros aparatos de uso común, aerosoles, productos de limpieza e higiene, pintura y revestimientos de suelos y paredes, personas aportadoras de bacterias o virus respiratorios, y otros muchos factores emiten en mayor o menor grado partículas perjudiciales en suspensión de todo tipo que terminan siendo inhaladas inevitablemente. Esto quiere decir que incluso en un lugar digamos ideal, pongamos en entorno más natural que una urbe, las personas seguimos estando expuestas a la contaminación interior cuando nos hallamos en el interior de edificios. Estos es, la mayor parte del tiempo: el 80% de las horas del día, según la OMS.

Pero si hablamos de medidas a tomar para reducir el problema de la contaminación, las tornas se invierten. Mientras que aquellas que se aplican para reducir la contaminación al aire libre son caras, socialmente conflictivas y difíciles de implementar, para el interior de los edificios existen soluciones efectivas y asequibles, capaces de solventar el problema. Sin ir más lejos, a las diferentes soluciones usadas históricamente, se ha sumado recientemente el sistema Biokker, de la empresa española Biosintel. El purificador de aire de Biokker trabaja sin necesidad de filtros (los filtros, tanto los de aparatos de aire acondicionado como los de purificadores basados en ellos, pueden acabar convirtiéndose parte del problema, puesto que son un almacenamiento de contaminantes), mediante un simple sistema de fotocatálisis que elimina radicalmente todo tipo de patógenos medioambientales, compuestos orgánicos volátiles (COVs) y malos olores. A esta eficacia se suma la facilidad de instalación (no necesita conductos ni obras) y una relación eficacia/precio que explica su espectacular implantación en el mercado.