La ética y la información

Uno de los primeros textos que definió la ética del periodismo es la carta de Munich, firmada y promulgada el 24 de noviembre de 1971. Esta consta de diez deberes y cinco derechos. Fue adoptada por la mayoría de los sindicatos de periodistas europeos, así como la Federación Internacional de Periodistas (FIP) y la Organización Internacional de Periodistas (OIP) que era su homóloga soviética. En la actualidad, dependiendo del país, la interpretación de las normas éticas pueden encajar u oponerse al derecho de prensa e información. El respeto de la persona puede, por ejemplo, conducir a abstenerse de tomar una fotografía o escribir un artículo, aun cuando la ley tolera. Todas las cartas de ética, promovidas por los sindicatos de periodistas, insisten en la verificación de los hechos. El principio de la libertad de información y expresión requiere oponerse a toda censura, aunque con el apoyo de la ley. El principio más importante, la protección de las fuentes de información, se opone a la legislación de algunos países. A diferencia de profesiones liberales, como médicos, el periodismo ético se refiere únicamente a los empleados y trabajadores independientes que tienen la condición de los propios empleados. Esto se debe a que el periodismo es un trabajo de equipo, donde se discute la elección y tratamiento de sujetos. Estas reglas se aplican a la misión de la obligación periodistica a informar, el respeto al lector, de interés público y el derecho a saber. Contribuyen a su credibilidad, así como la independencia contra el poder político y económico, el respeto a la privacidad y la protección de las fuentes periodísticas. El código deontológico del periodismo engloba los siguientes enunciados: el respeto a la verdad, estar abierto a la investigación de los hechos, perseguir la objetividad aunque se sepa inaccesible, contrastar los datos con cuantas fuentes periodísticas sean precisas, diferenciar con claridad entre información y opinión, enfrentar, cuando existan, las versiones sobre un hecho, respetar la presunción de inocencia y la rectificación de las informaciones erróneas. La cuestión de la ética de los periodistas apareció con la profesionalización de esta actividad a principios de siglo XX. En 1971, sindicatos de periodistas de la Comunidad Europea, de Suiza, de Austria y de varias organizaciones internacionales, adoptaron una versión modernizada de la “Declaración de los derechos y responsabilidades de los periodistas”. Es frecuente de además del código deontológico, las organizaciones o empresas como las televisiones, las emisoras de radio o editoriales de prensa, apliquen cartas éticas específicas. Estos manifiestos, sólo que aplican a nivel interno, para establecer una línia editorial, pero a nivel legal o jurídico prevalece el código deontológico. En este sentido, varios fenómenos pueden poner en peligro las normas éticas del periodismo, ya que la línea editorial impuesta por la dirección de una publicación a la exigencia de productividad y rentabilidad que puede llevar a los periodistas a pasar por alto algunas precauciones esenciales, por ejemplo, en verificación de las fuentes y el respeto de la vida privada. Algunos ejemplos de este fenómeno lo encontramos en algunos programas televisivos que tratan sobre la denominada información rosa o del corazón. Es fácil detectar una tendencia dirigida a la captación de audiencia, que apuesta por el sensacionalismo, en detrimiento de la información objetiva y la opinión. En el ámbito judicial, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha señalado que “la protección de las fuentes de información de los periodistas es una de las piedras angulares de la libertad de prensa”. En 1993, el Consejo de Europa adoptó una resolución sobre la ética del periodismo en forma de una serie de principios éticos que debían ser aplicados por la industria en toda Europa. El texto hace hincapié, en uno de sus artículos, en el papel del poder político y de los grandes grupos de medios de comunicación. Señaló que las responsabilidades del periodismo se dividen en tres niveles: las editoriales, compañías de medios y propietarios de medios de comunicación, y no es suficiente para garantizar la libertad de los medios de comunicación. A los periodistas, se les exige respetar la privacidad de las personas y la presunción de inocencia, para su información provenga de medios legales y éticos. Están obligados a corregir rápidamente cualquier información falsa o errónea y evitar que el poder político comprometa la independencia y la imparcialidad de su profesión. La labor del periodista es ejercer de altavoz de la sociedad, de canal de transmisión de información. El objetivo de ganar prestigio personal e influencia personal, queda relegado pues, a un segundo plano.